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viernes, 4 de junio de 2010

Moonlight Capítulo 24

Capítulo 24

El lienzo iba tomando forma a lo largo de la tarde. No es que Giselle hubiese hecho gran cosa, era un simple esbozo de la imagen que quería captar de Isobel. Hacer un retrato llevaba su tiempo. Quizás demasiado, pensó Giselle sabiendo que todo el tiempo que perdiese pintando no podía buscar a Valiant para liberarlo. El mayor problema que tenía frente a ella era que Isobel no terminaba de tomar la postura adecuada con sus facciones. Le pareció notar que algo o alguien amargaban su rostro. Por lo demás, era una buena modelo, manteniéndose muy quieta en el diván sin dar queja alguna por el rato que llevaban. Después de dar unos cuantos pasos hacia atrás varias veces tratando de enfocar todo el lienzo suspiró.


-¿Pasa algo, Giselle?


-No señora. Simplemente trato de enfocar todo el conjunto.


-Pero ese suspiro tiene que ser por algo más.


-Bueno… No sé cómo explicarme- estaba tratando de buscar las palabras perfectas para no enojar a Isobel. Todos con los que había hablado en el castillo la tildaban de ser una mujer muy agresiva acostumbrada a que todo se hiciese según su idea- Señora, no se ofenda, pero me gustaría retratarla con naturalidad.


-Explíquese por favor.


-Es la forma de retratarla lo que quiero cambiar. Cuando se hace una fotogr…- se lo pensó mejor, quizás aquí no estuviesen muy familiarizados con lo que es una fotografía- Cuando se hace un retrato la persona posa durante mucho tiempo de la misma forma, y parece más una estatua inerte que una persona, no se si me comprende.-Isobel estaba cavilando sobre lo que le estaba diciendo ella, pero después de un par de minutos sin decir nada, ella prosiguió- Lo que trato de decir que es una pose tan preparada que no queda natural, necesito que se relaje para poder sacarla en todo su esplendor y naturalidad.


-¿Y qué sugiere para eso?- Isobel estaba muy intrigada por la forma de pintar de ella y quería hacerlo lo mejor posible. Todo el que la había pintado nunca le había pedido nada más que se estuviese quieta.


-Pues verá. He pintado muchas veces a animales, y ellos no se suelen quedar quietos hasta que yo acabo. Lo que hago es observarlos y cuando uno de sus movimientos me gusta, lo dejo vagar por mi mente mientras los plasmo sobre el lienzo. Cuénteme algo mientras trabajo. No sé, algo que recuerde que le haya pasado y que le traiga buenos momentos a su memoria.


Isobel se quedó pensativa, tocándose con el dedo índice sobre la barbilla a intervalos, repasando en su memoria. En poco tiempo le llegó un recuerdo que le hizo sonreír abiertamente. Bajó de nuevo su mano a su regazo y con una gran sonrisa comenzó a relatarle.


-Recuerdo cuando pequeña que tuve una pesadilla horrible durante el sueño de la noche. Era invierno y estaba lluvioso. Nunca me había asustado tanto de una tormenta en toda mi vida, pero justo cuando estaba soñando que un zorro corría tras de mí se abrió una de las ventanas de mi dormitorio, pegando fuertemente contra los muros, con lo que grité con todas mis fuerzas por el susto que me había llevado al despertar. Mi hermano acudió a ayudarme sosteniendo en alto una pequeña espada de madera con la que solía jugar en el patio. Venía muy decidido a salvarme, gritando a mis supuestos captores que me dejaran libre o los mataría. Cuando lo vi vestido en pijama, con todo el pelo revuelto y empuñando esa ridícula “arma mortal”, me dio un ataque de risa pensando que si hubiese allí alguien se asustaría más por su apariencia que por su espada.- Isobel soltó una pequeña risita- Mi hermano se enfadó mucho porque me había reído de él y estuvo viniendo toda la semana a buscarme por la noche. Quería pillarme dormida para que me asustase de nuevo, pero cada vez que lo intentaba me divertía más. El último día lo esperaba despierta, escondiéndome tras la puerta para intentar asustarlo yo.


Giselle tuvo un vuelco en el corazón al sentirla hablando de Valiant. Esperaba que le contase algo grave, del tipo de “le hice daño y me divertí”, pero en lo único que ella había pensado era en lo bien que se lo pasaban de pequeños y se relajó. Se concentró en su rostro y se sorprendió de ver cuánto le habían cambiado las facciones al estar contenta. Era más bella todavía.


Isobel continuó hablando sobre anécdotas de su infancia, dejando sorprendida a Giselle porque ni una sola vez mencionó nada sobre Oliver. A veces le hacía alguna pregunta si no entendía algo bien y ella le contestaba amablemente. Tomaron un tentempié a mitad de la tarde y siguieron con la pintura.
El tiempo pasó volando. Se dieron cuenta cuando un sirviente llegó para encender algunas lámparas de aceite.


-Hacía mucho que no se me pasaba la tarde así de deprisa, me ha encantado.


-Yo también, señora. Con esta luz ya no puedo trabajar bien. Si le parece bien mañana seguiremos.


En ese momento llegó Oliver a la habitación y el rostro de Isobel volvió a apagarse, tomando de nuevo los rasgos duros de antes de empezar la sesión. Giselle miró de reojo a Oliver, impresionada por la apariencia fuertemente varonil y hosca de él, y se apresuró a tapar el lienzo, recoger las cosas y marcharse hacia el área donde vive el capellán.
Por el camino se topó con April que andaba buscándola para cenar. La llevó a la cocina donde estaban todos los sirvientes que no estaban en ese momento de servicio comenzando a tomar la cena. Tomaron sopa de primero y asado de cerdo con patatas de segundo, una delicia bien merecida tras las horas que llevaban trabajando.
Procuraron no entrar mucho en las conversaciones que surgían y tras la cena todos se marcharon a descansar excepto el cocinero y ellas, que se habían ofrecido amablemente a ayudarle a recoger lo que quedaba en la mesa.


-Este es Tobías, es el cocinero real del castillo- dijo April mientras Tobías hacía una reverencia hacia Giselle.


-Estoy muy feliz de conocer a la mujer que ha escogido mi señor Valiant. Mis respetos señora.


Giselle estaba horrorizada, no conocía de nada a este hombre y él sabía quienes eran ellas.


-No tengas miedo, por favor. Estoy totalmente de acuerdo con las ideas del general y de Optimus. No voy a delataros. April te comentará lo que hemos estado hablando mientras me ayudaba a cocinar, es muy buena en la cocina- le dedicó un guiño a April y ella se sonrojó.


Eso le hizo soltar el aire que había estado sujetando por culpa del terror y por fin se pudo relajar. Un sirviente entró en la cocina y ellos se pusieron alerta.


-La señora Isobel desea que sea Giselle quien se encargue de llevar la cena a la pequeña Nínice. Me ha encargado que le entregue esto también.


El criado le entregó una nota lacrada. Giselle la abrió y la leyó. Estaba escrita en lengua antigua con bellas letras caligrafiadas. Isobel le pedía que se encargase de atender a su hermana, decía que lo había pasado tan bien esa tarde que estaba segura de que conseguiría alegrar a su hermana. Ella no dijo nada, cogió la bandeja preparada y se fue junto con el criado a la habitación donde estaba retenida Nínice.

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