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jueves, 29 de abril de 2010

Le Theatre des Vampires Capitulo 23

Capitulo 23

Dominique dio un grito desgarrador tras mi último latido. Los demás miembros de su familia se acongojaron al saber que yo había muerto. Incluso Jean Luc dio un fuerte puñetazo en una de las paredes de la habitación haciendo un gigantesco agujero en ella.
Mi cerebro todavía estaba funcionando y me dediqué a pensar en como habría sido mi vida si le hubiese podido decir que sí, para no escuchar los sollozos de él y derramar lágrimas ante la imposibilidad de mover mi cuerpo junto al suyo y abrazarlo. Podría estar junto a él eternamente, recibiendo palabras tiernas, besos y abrazos apasionados sin fin y amándonos durante las largas noches del invierno. Podría haber recorrido el mundo entero con él, dejándole que me enseñara todos los lugares que ya hubiese visitado en sus muchos años. ¡Que idiota! Me dije a mi misma, ni siquiera llegué a preguntarle cuantos años tenía verdaderamente. Hasta ahora siempre había creído que me gustaba mucho, pero lo que mi mente revelaba era que de verdad lo amaba y había dejado pasar la oportunidad de que fuésemos felices. Pensé en lo corta que era la única palabra que tenía que haberle dicho…
“Si” dije en mi mente.
Dominique irguió la cabeza esperanzado- Kat, ¿verdaderamente te he escuchado?
No me había acordado de que podía conectarme con él mentalmente, lo hice justo cuando necesitaba decir “si” y él me había oído. Volví a concentrarme.
“¿No te acuerdas de que en Ciencias nos dijeron que el cerebro tardaba un poco más en pararse?,”- dije intentando no mostrar lo horrorizada que estaba porque sabía que iba a morir- “por lo menos podré decirte adiós”
-¡Y una mierda!- dijo Dominique mientras salía corriendo de la habitación.
Todos lo miraban estupefactos, Dominique seguía con lágrimas en los ojos, pero tenía una sonrisa en los labios que mostraba que estaba feliz.
-¡Dios, creo que se ha vuelto loco!- farfulló Maximilien horrorizado-¡Primo, si intentas hacer una locura te estaco!
-¡Y yo te estacaré como no me ayudes!- le dijo feliz mientras tiraba de él hacia la habitación donde yo estaba- Kat me ha hablado por el canal mental, todavía hay una posibilidad de que pueda convertirla para salvarla.
Llegaron hasta mí y Dominique se sentó en el suelo llevándome a su regazo. Maximilien se acuclilló para esperar órdenes.
-Max hazle los movimientos de reanimación en el pectoral mientras yo intento que tome mi sangre.
Maximilien comenzó a masajear mi pecho, empujándome hacia Dominique que aguantaba estoicamente sus impulsos, tratando de mandar bocanadas de aire a mis pulmones. Después de un minuto que pareció una hora, mi corazón dio un pequeño latido.
-¡Eso es Max, sigue!- exclamó feliz al escuchar el latido.
Rápidamente se mordió la muñeca al escuchar el segundo y tercer latido. Dulcemente posó su mano en mi boca para que su sangre se deslizara por ella. Ordené a mi boca que se abriera, aunque aun estaba un poco reticente a tomar sangre, pero en cuanto noté un sabor dulce, como frambuesas almibaradas, me esforcé por tragar. Cuando Dominique creyó que yo había tomado suficiente retiró la muñeca lentamente y le indicó a Maximilien que ya podía dejar de ayudarme a bombear sangre.
Su enérgica sangre se iba deslizando poco a poco por mi garganta, llenándola de un agradable calor que emanaba vida. Noté como me recorría el cuerpo por completo, desde el estómago, filtrándose por todas las venas y arterias en menos de lo que tarda en decirse amen.
Poco a poco se fue formando una sonrisa en mis labios que mi vampiro interpretó como que yo estaba bien. Si esto es lo único que hace falta para transformarse, debí de habérselo pedido yo que lo hiciese antes.
Dominique me besó dulcemente- Creí que te había perdido por completo- dijo acariciando mi cabello, luego se puso tenso- Kat, lo fácil está hecho, pero ahora tendrás que ser fuerte o no lo superarás.
Me extrañó lo que dijo, pero antes de tratar de hablar con él para que me lo explicara llegó Antoine.
-He hablado con su madre, está nerviosa y pide que se la llevemos a casa para que descanse allí, salga bien o no. Cógela y álzate en vuelo.
-Antoine, sabes que nunca conseguí volar rápido. Deberíamos dejarla aquí hasta ver que ocurre.-le dijo cerrando los puños por impotencia.
-¿Todavía no te has dado cuenta de que llegaste aquí volando para tratar de salvarla? ¡Por Dios Dominique, estamos a casi trescientos kilómetros de casa y llegamos en diez minutos! Llévala antes de que empiecen los espasmos.
No se lo pensó dos veces, me cogió delicadamente del suelo y salió como el rayo por la puerta. Ni siquiera se molestó por si alguien nos veía fuera en la claridad del día.
Mis ojos estaban cerrados por lo cansada que me sentí después de la gran euforia que me envolvió al beber su sangre. Además no quería mirar a que altura estábamos por si eso me mareaba más. Sentí la suave brisa del aire deslizándose por mi cuerpo durante el vuelo y me estremecí. Puse una mano temblorosa en su brazo para sentirme más segura y recogida, tratando de no percibir mas viento, y eso le dio ánimos para acelerar más.
El aterrizaje fue suave, como el posar de una pluma. Entrecerré los ojos y pude vislumbrar que las ventanas de la casa estaban todas bien cerradas y cubiertas de gruesas cortinas nuevas. Quizás mamá estaba todavía muy sensible por ser una nueva convertida y el sol le afectaba mucho más que a los demás.
La puerta estaba entreabierta y Dominique no se lo pensó dos veces para entrar y subir a mi dormitorio en un instante. Me dejó tumbada en la cama y me cogió de la mano, esperando ver que pasaba. Mamá entró espacio, temiendo por mí. No es que hubiese dicho nada, pero nunca había sido buena intentando ocultar emociones y un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas. Nada más verme se puso cerca de la cama, de rodillas en el suelo.
-¡Oh Dios Katherine, creí volverme loca cuando Antoine me dijo que no habían conseguido llegar a tiempo! Pero ahora estás aquí, y si pudiera me cambiaba por ti para no verte sufrir.
-Mamá, no te preocupes estoy bien. Yo…
No pude decir nada más. Un agudo dolor me atravesó completamente desde la cabeza a los pies. Mi estómago se contrajo igual que si alguien me lo hubiese cogido apretadamente en un puño y quisiese arrancármelo de un fuerte tirón. Di el mayor grito de mi vida. La cabeza me ardía, los ojos amenazaban con salirse de las órbitas y mis venas pulsaban con un calor radiante, intentando hacer manar la sangre por mis poros para evitar la presión a la que estaban siendo sometidas. Me puse en posición fetal tratando de aliviar inútilmente mi calvario. Dominique me acercó un cubo justo a tiempo para que vomitase. Mamá trajo paños mojados en agua fría para aliviar mi fiebre.
-¿Es-es-esto normal?- no se como diablos pude terminar la frase. Mis palabras iban dirigidas a él, que me miraba con una gran preocupación- Dime que terminará pronto, por favor.
-Kat, no sé cuanto tardará. Cada uno lo termina antes o después, según su naturaleza defensiva. Tú estabas casi muerta cuando te pude dar mi sangre, solo queda esperar.
Volví a vomitar y a sufrir espasmos por no sé cuanto tiempo. La lucha que tenía mi sangre por aceptar la nueva era mayor que mi dolor, la sangre realmente humana transmitida por mi padre tomaba la nueva por intrusa y trataba de sacármela a cualquier costo. Estaba segura de que mi mente me lo estaba diciendo. Después de unos cuantos espasmos más mi cuerpo se puso rígido por completo y luego se relajó completamente. Llegó la oscuridad, el vacío absoluto y mis pensamientos se apagaron. Yo ya no respiraba ni nada de nada.

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